Vacío complementario
No es que sea una definición establecida, pero yo le llamo vacío complementario a ese espacio en el que debería haber alguien, pero no está por el motivo que sea. Si nunca hubiera estado, sería un vacío habitual como el resto de vacíos, y no pasaría nada, pero como la persona existió, la ausencia posterior resulta perceptible, probablemente dolorosa, o por lo menos despierta ciertos sentimientos de los que no siempre se habla.
El caso evidente de vacío complementario se produce por la muerte de una persona, y aunque tristemente de este asunto sé más de lo que querría, prefiero no proyectar mi experiencia personal porque si bien pretendo tratar un asunto un poco nostálgico, no es tan traumático.
Pienso bastante en este asunto porque en mi práctica de la esgrima histórica se da bastante flujo de personas. En este sentido las altas son muy notables porque hay un individuo nuevo, y hay que conocer su nombre y personalidad, pero aquellos que van dejando de venir o causan baja definitiva, no hacen tanto ruido, pero dejan este vacío complementario. Lo que me confunde de este asunto es que algunos de estos vacíos no son tan evidentes porque la persona no ha estado suficiente tiempo o no llegó a dejar una impronta personal muy acuciante, pero aún así sí que me preoduce cierta disonancia, y en algunas ocasiones ni siquiera sé por quién se está produciendo, pero está ahí, la percibo… en toda su complementariedad.
Esto me hace pensar en que cada personita que pasamos por el mundo tenemos nuestra identidad. Algunas son más llamativas, otras son más discretas, pero por mucho que las redes sociales y las empresas que quieren exprimirnos nos cataloguen en conceptos manejables para mantipular nuestras costumbres y vendernos sus productos, en el trato personal tenemos todos una huella diferente, un hash que no se va a repetir, y cuya ausencia es perceptible.
Como la esgrima histórica es considerada un hobby, es normal que el compromiso con la actividad esté supeditado a las circunstancias vitales personales, así que la rotación de compañeros es muy elevada. Constantemente conocemos personas nuevas, pero también tenemos bajas con una frecuencia parecida, porque el espacio es limitado y no ha colapsado, y esas bajas únicamente las conoce el gobierno del lugar.
De alguna forma siento que esto es algo que me empobrece, e incluyo en esto a las personas que no me caigan bien en absoluto. La experiencia global mejora mucho con las aportaciones de cada uno de los participantes, aunque simplemente sea nuestra torpeza demandando una explicación del docente de turno.
Y hay vacíos complementarios que incluso son un alivio… pero incluso en estos casos, si el conjunto colectivo ha hecho un esfuerzo para que todos nos integremos y se han producido avances, me da algo de pena.
Pero esto no es únicamente un artículo de esgrima. Yo percibo vacíos complementarios en otros entornos con esta característia de muros porosos, en los que cuando una persona marcha, no deja una forma de comunicarme con ellos. Tengo en la mente el caso de cyberspace.online, actualmente la única red social en la que participo que merece ser nombrada, y en la que interactúo con personas que realmente comparten muchas inquietudes conmigo, más que con la mayoría de personas con las que trato físicamente.
Con estas personas con las que formo una masa de partículas difusas no sujetas más que por una especie de muro poroso establecido por la voluntad de participar y la costumbre de echar un ojo con la frecuencia que cada cuál quiere asignar, hay algo parecido a la amistad, y si bien nunca les veré la cara, siento el vacío complementario de alguno de los cyberians ausentes.
Supongo que yo también he dejado en ciertas personas un vacío complementario. Hace poco he abandonado a población en la que he habitado casi toda mi vida, y si bien algunos son conscientes, otros simplemente recibirán el eco de mi ausencia en alguno de esos momentos en los que yo estaría corriendo por los caminos de la región, pero en mi lugar no haya nada.
Quizá en un futuro no demasiado lejano me vea obligada a dejar la práctica de la esgrima histórica. Me pregunto qué clase de vacío complementario sentirán algunos compañeros de armas, y qué habré significado en sus vidas cuando mi espada ya no esté ahí. Algún día todas esas discotecas a las que acudo percibirán ese vacío complementario en el que anteriormente había una guerrera trans cyberpunk bailando, y en cyberspace online alguien se pregunte qué fue de mí en un listado de usuarios más activos en el que vaya perdiendo posiciones lentamente. Muy pronto dejaré un gimnasio en el que he entrenado desde el décimo séptimo de febrero, donde he hecho no hemos de tres amiguitos.
Querría que las cosas fuesen distintas.
El caso evidente de vacío complementario se produce por la muerte de una persona, y aunque tristemente de este asunto sé más de lo que querría, prefiero no proyectar mi experiencia personal porque si bien pretendo tratar un asunto un poco nostálgico, no es tan traumático.
Pienso bastante en este asunto porque en mi práctica de la esgrima histórica se da bastante flujo de personas. En este sentido las altas son muy notables porque hay un individuo nuevo, y hay que conocer su nombre y personalidad, pero aquellos que van dejando de venir o causan baja definitiva, no hacen tanto ruido, pero dejan este vacío complementario. Lo que me confunde de este asunto es que algunos de estos vacíos no son tan evidentes porque la persona no ha estado suficiente tiempo o no llegó a dejar una impronta personal muy acuciante, pero aún así sí que me preoduce cierta disonancia, y en algunas ocasiones ni siquiera sé por quién se está produciendo, pero está ahí, la percibo… en toda su complementariedad.
Esto me hace pensar en que cada personita que pasamos por el mundo tenemos nuestra identidad. Algunas son más llamativas, otras son más discretas, pero por mucho que las redes sociales y las empresas que quieren exprimirnos nos cataloguen en conceptos manejables para mantipular nuestras costumbres y vendernos sus productos, en el trato personal tenemos todos una huella diferente, un hash que no se va a repetir, y cuya ausencia es perceptible.
Como la esgrima histórica es considerada un hobby, es normal que el compromiso con la actividad esté supeditado a las circunstancias vitales personales, así que la rotación de compañeros es muy elevada. Constantemente conocemos personas nuevas, pero también tenemos bajas con una frecuencia parecida, porque el espacio es limitado y no ha colapsado, y esas bajas únicamente las conoce el gobierno del lugar.
De alguna forma siento que esto es algo que me empobrece, e incluyo en esto a las personas que no me caigan bien en absoluto. La experiencia global mejora mucho con las aportaciones de cada uno de los participantes, aunque simplemente sea nuestra torpeza demandando una explicación del docente de turno.
Y hay vacíos complementarios que incluso son un alivio… pero incluso en estos casos, si el conjunto colectivo ha hecho un esfuerzo para que todos nos integremos y se han producido avances, me da algo de pena.
Pero esto no es únicamente un artículo de esgrima. Yo percibo vacíos complementarios en otros entornos con esta característia de muros porosos, en los que cuando una persona marcha, no deja una forma de comunicarme con ellos. Tengo en la mente el caso de cyberspace.online, actualmente la única red social en la que participo que merece ser nombrada, y en la que interactúo con personas que realmente comparten muchas inquietudes conmigo, más que con la mayoría de personas con las que trato físicamente.
Con estas personas con las que formo una masa de partículas difusas no sujetas más que por una especie de muro poroso establecido por la voluntad de participar y la costumbre de echar un ojo con la frecuencia que cada cuál quiere asignar, hay algo parecido a la amistad, y si bien nunca les veré la cara, siento el vacío complementario de alguno de los cyberians ausentes.
Supongo que yo también he dejado en ciertas personas un vacío complementario. Hace poco he abandonado a población en la que he habitado casi toda mi vida, y si bien algunos son conscientes, otros simplemente recibirán el eco de mi ausencia en alguno de esos momentos en los que yo estaría corriendo por los caminos de la región, pero en mi lugar no haya nada.
Quizá en un futuro no demasiado lejano me vea obligada a dejar la práctica de la esgrima histórica. Me pregunto qué clase de vacío complementario sentirán algunos compañeros de armas, y qué habré significado en sus vidas cuando mi espada ya no esté ahí. Algún día todas esas discotecas a las que acudo percibirán ese vacío complementario en el que anteriormente había una guerrera trans cyberpunk bailando, y en cyberspace online alguien se pregunte qué fue de mí en un listado de usuarios más activos en el que vaya perdiendo posiciones lentamente. Muy pronto dejaré un gimnasio en el que he entrenado desde el décimo séptimo de febrero, donde he hecho no hemos de tres amiguitos.
Querría que las cosas fuesen distintas.