Una guerrera trans cyberpunk en Wacken Metal Battle Spain
Ayer alguien me preguntó cuánto tiempo llevo escuchando “heavy metal”. Bueno, lo cierto es que fue un periodista al que supongo que le llamó la atención mi expresión de identidad de género ligada a un entorno que formalmente no tiene una relación particularmente significativa con dicha cuestión ni en una dirección ni en otra.
Siempre me da ciertos problemas responder a estas cuestiones que empiezan con “desde cuando” o “cuanto tiempo”, porque como soy una identidad disociada con menos de tres años de existencia, las respuestas que pueda dar son imprecisas o requieren demasiada explicación. Pero bueno, supongo que no es del todo incorrecto que responda por todas mis identidades de una forma conjunta.
Así que yo creo que llevo (lleva) escuchando “heavy metal” desde que mi cuerpo tiene doce años. Puede que incluso desde antes, que lo escuchaba desde otra habitación de una familiar que ya lo disfrutaba porque era más mayor. Aunque tengo el recuerdo de diversos discos, yo creo que el primero que escuché fue “Somewhere far beyond”, de “Blind Guardian”. Supongo que de alguna forma encaja bien con el hecho de ser una persona muy rolera y que ha estado toda su vida fantaseando con espadas irrompibles, misteriosos hechiceros de antiguos conocimientos, y todas estas fantasías que espero que me acompañen siempre.
Yo no elegí que me gustara blandir una espada, ni elegí que me gustara programar videojuegos, y desde luego no elegí que me gustara el “heavy metal” en muchísimas de sus variantes. Y si bien no tengo ninguna formación específica en materia musical, se distinguir un buen grupo de uno malo… ¡y me gustan hasta los malos! Me encanta cuando están cargados de ilusión, fuerza, ruido, producciones cutres y absoluto desconocimiento del futuro que les espera. Y si son buenos, también está bien.
Así que este veterano cuerpo que ha peleado mucho ha estado, también, en muchísimos conciertos. Claro que con el tiempo acabé perdiendo bastante de la ilusión necesaria para involucrarme en actividades de ocio en general -que es lo que tiene la depresión-, y desde luego tras transicionar, se había unido a la lista de cosas que dejé de hacer. De hecho yo suelo moverme más por ambientes de música gótica donde mi expresión de género queda algo más disimulada con la más que trabajada parafernalia de much@s de l@s asistentes.
Pero ayer amistades mías atendían a “WACKEN METAL BATTLE SPAIN – Semifinal Centro” (parte dos), que es un certamen en el que bandas regionales se disputan una posición para alcanzar importantes oportunidades en sus carreras. Yo sigo muy poco a las bandas nacionales, no por que tenga una posición al respecto, sino porque, como digo, no he ido a un concierto en muchos años, y a ninguno desde que soy Valeria.
En cualquier caso me apetecía salir de casa y pasármelo bien. Quizá hace tiempo me habría dado algo de palo llevar mi identidad de género a un entorno más normativo de lo que tengo costumbre, pero tampoco me preocupa ya demasiado. Eso sí, no tenía ninguna vestimenta particularmente adecuada, así que me puse el primer vestido que encontré tirado por mi casa, y como ya me había maquillado por la tarde, simplemente añadí una chulísima peluca, y a divertirme.
Como ya he señalado, no llevaba ninguna expectativa conmigo, porque ni siquiera sabía qué grupos iba a escuchar. Y aunque no soy NADIE para hacer un juicio crítico porque no tengo NINGUNA formación musical, me impresionó mucho la calidad en general de todos ellos. Quizá alguno tenía mejor puesta en escena, otro una ejecución más limpia, o un tercero era más original en su propuesta, pero todos estaban muy bien. Ninguno de ellos exponía canciones en castellano, todo sea dicho.
Al final algunos tenían que ganar, y ganaron. No envidio para nada la responsabilidad del jurado que tenía que alcanzar un veredicto. Yo desde luego no tengo el criterio, pero ni teniéndolo habría querido poner a uno por encima de otro. ¡Todos eran geniales! Aunque había habido una primera parte el día anterior, yo escuché a Scars of Oblivion, Deimocracy, Suru, Driade y Rise. Estuve ahí moviendo el cuerpo un buen rato, y acabada la diversión, volví a la quietud del hogar.
Pero antes me entrevistaron sobre cuestiones de identidad de género en relación con el “heavy metal”. Y aunque me pareció divertido, tuve un poco de miedo, porque yo tampoco creo que sea nadie para hablar de identidad de género más allá de mi humilde experiencia. Y ni siquiera creo que sea representativa en absoluto, porque las guerreras trans cyberpunk llamamos mucho la atención por el conjunto de nuestras cualidades, no únicamente por ser trans.
¿Y cómo fue esta experiencia en un entorno de aficionados al “heavy metal”? Pues más o menos igual que en cualquier otro lugar. A algunas personas les llamaba la atención y me miraban de forma más o menos disimulada, pero un par de minutos después ya se ponían a seguir viviendo sus vidas, porque supongo que son más divertidas que mirar a una guerrera trans cyberpunk, o si no por lo menos tenian el concierto, que sí lo es.
Pero como ya he escrito unas cuantas veces, lo que me hizo decidirme a transicionar fue el ejemplo de una cantante trans de heavy metal, a la que llegué por una casualidad bastante particular. Así que supongo que en muchos sentidos, las cuestiones de identidad de género están en el heavy metal desde mucho antes que yo. Pero aún más lejos, la cultura que rodea a este estilo musical fue necesaria para mi transición.
En conjunto, fue una gran experiencia. Me había alejado de un ambiente (pero no de la música en sí) que ha sido una parte de mi vida desde que tengo uso de mi primer cuchillo, y me sienta bien poder ser yo misma de una forma tan integral. Creo que lo único que podría haber mejorado esta experiencia habría sido algún grupo power de estilo así fantástico noventero (como Owlbear, claro). Eso no significa que no aprecie las bandas extremas (como Katy Scary, claro).
Volveré, supongo.
Siempre me da ciertos problemas responder a estas cuestiones que empiezan con “desde cuando” o “cuanto tiempo”, porque como soy una identidad disociada con menos de tres años de existencia, las respuestas que pueda dar son imprecisas o requieren demasiada explicación. Pero bueno, supongo que no es del todo incorrecto que responda por todas mis identidades de una forma conjunta.
Así que yo creo que llevo (lleva) escuchando “heavy metal” desde que mi cuerpo tiene doce años. Puede que incluso desde antes, que lo escuchaba desde otra habitación de una familiar que ya lo disfrutaba porque era más mayor. Aunque tengo el recuerdo de diversos discos, yo creo que el primero que escuché fue “Somewhere far beyond”, de “Blind Guardian”. Supongo que de alguna forma encaja bien con el hecho de ser una persona muy rolera y que ha estado toda su vida fantaseando con espadas irrompibles, misteriosos hechiceros de antiguos conocimientos, y todas estas fantasías que espero que me acompañen siempre.
Yo no elegí que me gustara blandir una espada, ni elegí que me gustara programar videojuegos, y desde luego no elegí que me gustara el “heavy metal” en muchísimas de sus variantes. Y si bien no tengo ninguna formación específica en materia musical, se distinguir un buen grupo de uno malo… ¡y me gustan hasta los malos! Me encanta cuando están cargados de ilusión, fuerza, ruido, producciones cutres y absoluto desconocimiento del futuro que les espera. Y si son buenos, también está bien.
Así que este veterano cuerpo que ha peleado mucho ha estado, también, en muchísimos conciertos. Claro que con el tiempo acabé perdiendo bastante de la ilusión necesaria para involucrarme en actividades de ocio en general -que es lo que tiene la depresión-, y desde luego tras transicionar, se había unido a la lista de cosas que dejé de hacer. De hecho yo suelo moverme más por ambientes de música gótica donde mi expresión de género queda algo más disimulada con la más que trabajada parafernalia de much@s de l@s asistentes.
Pero ayer amistades mías atendían a “WACKEN METAL BATTLE SPAIN – Semifinal Centro” (parte dos), que es un certamen en el que bandas regionales se disputan una posición para alcanzar importantes oportunidades en sus carreras. Yo sigo muy poco a las bandas nacionales, no por que tenga una posición al respecto, sino porque, como digo, no he ido a un concierto en muchos años, y a ninguno desde que soy Valeria.
En cualquier caso me apetecía salir de casa y pasármelo bien. Quizá hace tiempo me habría dado algo de palo llevar mi identidad de género a un entorno más normativo de lo que tengo costumbre, pero tampoco me preocupa ya demasiado. Eso sí, no tenía ninguna vestimenta particularmente adecuada, así que me puse el primer vestido que encontré tirado por mi casa, y como ya me había maquillado por la tarde, simplemente añadí una chulísima peluca, y a divertirme.
Como ya he señalado, no llevaba ninguna expectativa conmigo, porque ni siquiera sabía qué grupos iba a escuchar. Y aunque no soy NADIE para hacer un juicio crítico porque no tengo NINGUNA formación musical, me impresionó mucho la calidad en general de todos ellos. Quizá alguno tenía mejor puesta en escena, otro una ejecución más limpia, o un tercero era más original en su propuesta, pero todos estaban muy bien. Ninguno de ellos exponía canciones en castellano, todo sea dicho.
Al final algunos tenían que ganar, y ganaron. No envidio para nada la responsabilidad del jurado que tenía que alcanzar un veredicto. Yo desde luego no tengo el criterio, pero ni teniéndolo habría querido poner a uno por encima de otro. ¡Todos eran geniales! Aunque había habido una primera parte el día anterior, yo escuché a Scars of Oblivion, Deimocracy, Suru, Driade y Rise. Estuve ahí moviendo el cuerpo un buen rato, y acabada la diversión, volví a la quietud del hogar.
Pero antes me entrevistaron sobre cuestiones de identidad de género en relación con el “heavy metal”. Y aunque me pareció divertido, tuve un poco de miedo, porque yo tampoco creo que sea nadie para hablar de identidad de género más allá de mi humilde experiencia. Y ni siquiera creo que sea representativa en absoluto, porque las guerreras trans cyberpunk llamamos mucho la atención por el conjunto de nuestras cualidades, no únicamente por ser trans.
¿Y cómo fue esta experiencia en un entorno de aficionados al “heavy metal”? Pues más o menos igual que en cualquier otro lugar. A algunas personas les llamaba la atención y me miraban de forma más o menos disimulada, pero un par de minutos después ya se ponían a seguir viviendo sus vidas, porque supongo que son más divertidas que mirar a una guerrera trans cyberpunk, o si no por lo menos tenian el concierto, que sí lo es.
Pero como ya he escrito unas cuantas veces, lo que me hizo decidirme a transicionar fue el ejemplo de una cantante trans de heavy metal, a la que llegué por una casualidad bastante particular. Así que supongo que en muchos sentidos, las cuestiones de identidad de género están en el heavy metal desde mucho antes que yo. Pero aún más lejos, la cultura que rodea a este estilo musical fue necesaria para mi transición.
En conjunto, fue una gran experiencia. Me había alejado de un ambiente (pero no de la música en sí) que ha sido una parte de mi vida desde que tengo uso de mi primer cuchillo, y me sienta bien poder ser yo misma de una forma tan integral. Creo que lo único que podría haber mejorado esta experiencia habría sido algún grupo power de estilo así fantástico noventero (como Owlbear, claro). Eso no significa que no aprecie las bandas extremas (como Katy Scary, claro).
Volveré, supongo.