Lo que dije en mi funeral
Siempre que pienso en la muerte me acuerdo de mi amiga la turriptosis dohrnii o medusa lunar, la cuál puede vivir indefinidamente. Cuando supera su expectativas sexuales, puede retornar a una edad sexualmente inmadura mediante un proceso de desarrollo celular llamado… sí, transdiferenciación.
Así que sin duda la medusa lunar no planea su funeral. Según la wikipedia, el conjunto de ceremonias u oficios solemnes dedicados a un difundo días antes de su sepelio. Inmune al proceso de envejecimiento, esta medusa no se preocupa por estas cosas. Por otra parte, mide unos pocos milímetros, pero no vamos a meternos con la gente bajita en un día tan caluroso.
No soy la primera persona que celebra su funeral anticipado. En USA tiene características legales, y en Japón hasta tiene nombre: Seizenso. No obstante es un concepto moderno, pero en japón el color del luto es el blanco, de ahí que lleve este vestido junto a mi dotanuki. Me habría puesto mi peluca blanca, pero últimanente estoy enamorada de esta.
De hecho mi madre celebró una suerte de funeral en vida cuando supo que su enfermedad se la iba a llevar por delante. Reunió a toda su familia en una última comida grupal, y pasó el tiempo con ellos. Fue algo bestialmente duro, pero como ella solía decirme incluso en aquellos momentos tan difíciles… el muerto al hoyo y el vivo a comer repollo. Es muy triste perder algo que querías, pero por lo menos llegaste a quererlo.
Según la wikipedia esto tiene que tener ceremonias u oficios solemnes, y si bien tiene sentido, tampoco significa que no podamos tener algo de humor, bailes, sexo o cualquier forma de diversión al gusto de cada cuál siguiendo las disposiciones de naturaleza legal de la sociedad estructurada, o por lo menos manteniéndonos lo bastante cerca del límite para poder sujetarlo con la mano y volver si la policía pasa por aquí.
Tenía pensado aquí hablar de mi obra y milagros, de cuánto me quería todo el mundo, de cuánto se me va a echar de menos y ese tipo de cosas, y ponerme solemnemente filosófica añadiendo sofisticadas y elaboradas reflexiones no solo sobre la protagonista global de este evento (yo), sino sobre la enfermedad, la decadencia, el suicidio y otras cosas importantes. Demasiada solemnidad para mí, yo prefiero gente divertida a gente triste. Es sabido que sonreír evita la depresión y alarga tu vida. ¿Pero sabéis qué alarga tu vida también? Matar a tus enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres.
Así que sin más dilación, hemos venido a despedirnos de… de… de… de alguien. He estado pensando mucho en de quién nos estamos despidiendo sin terminar de darme una respuesta coherente. Voy a intentar desarrollar esto, pero estoy totalmente abierta a escuchar cualquier aportación en cualquier momento. Tengo alquilado el parque hasta bastante tarde, podemos extendernos.
Quizá los que me conozcáis de más tiempo hayáis podido pensar que esto entra dentro de las particularidades de mi no diagnosticada disociación de personalidad, y si bien esto tiene cierto sentido incluso para mí, las dinámicas en relación con estos flujos no son tan claras. Yo también empecé pensando en estos términos, pero creo que si le dais una vuelta al asunto, veréis que no tiene del todo sentido. Como si algo de ello sí lo tuviera.
Para mí esto está mucho más relacionado con dejar atrás una vida que he vivido hasta hace no demasiado para poder empezar otra diferente, y de alguna forma, no se puede empezar una vida sin haber acabado la anterior, así que en un sentido conceptual, esa vida ya acabó, y este funeral no es realmente un Seizenso de esos, porque esa parte de mí ya no está. Para mí este ritual, por lo tanto, tiene un valor vital porque quizá me permita desprenderme de los restos adheridos de esa vida, como conan se deshace de la sangre de sus enemigos destrozados.
El meollo de la identidad de género también tiene algo que decir en todo esto. A fin de cuentas he tenido que vivir cuarenta años de vida sufriendo la construcción de género que se me había asignado y que acepté reluctantemente. Ahora me he desplazado a un lugar en el que mis nuevos conocidos solo pueden llamarme “Valeria” porque es el único nombre que conocen para llamarme. Esta mudanza ha sido un paso abrupto y quizá de los más relevantes en este cambio vital que si bien me lleva a algo nuevo, quizá fue lo que debí haber sido mucho antes.
Así que hoy me gustaría que dejáramos atrás una visión de mi “yo”. No es algo totalmente concreto y fácilmente definible y encapsulable en partículas físicas cohesionadas. Consiste en una serie de conceptos no disjuntos y ni siquiera completos de los que solo puedo hacer una aproximación con las limitaciones del lenguaje humano.
Supongo que es fácil señalar a esa masculinidad frágil que nunca tuve integrada, y que aprendí por imitación de lo que se suponía que era “ser un hombre”. Ese yo hacía cosas como trabajar de portero de discoteca o meterse en problemas para ponerse a prueba y demostrar que era fuerte. De acuerdo, yo sigo metiéndome en problemas, pero no lo hago por demostrar nada, sino porque es divertido en un sentido transcyberpink.
También querría dejar atrás esa cualidad que tenía de echar sobre los hombros responsabilidades que no son propias, y cargar con culpas y cargas insorportables, y que incluso pueden llevar a culpar a terceros o a tener un excesivo rencor con personas o sociedades que si bien puede que sean responsables, quedan fuera del alcance de las acciones de un ser individual.
Y dejar atrás responsabilidades que no son propias también incluye dejar atrás personas que drenan sin aportar. Bueno, esto suena a consejo de instagram, pero no me refiero a ello como algo concreto, sino a la faceta de la personalidad que me hacía vulnerable a su presencia. Ahora soy una malvada guerrera cyberpink que sabe decir “no” y luego tomarse un yogur.
Y finalmente implica dejar atrás dolor y miedo. No en unos términos absolutos, porque siempre tendré miedos nuevos, como que se me acabe el pintalabios negro, y si me pinchan, sangro. Mi actual trasfondo esgrimístico me permite dotar de un sentido literal a esta aseveración normalmente metafórica. A lo que me refiero es a dejar atrás la capacidad de sentir miedos que no tienen solución, como la soledad epistemológica, o el dolor por una familia perdida.
Tal y como yo lo he ido percibiendo, hoy nos despedimos de estas cosas en mí. Claro que podemos verlo desde otros puntos de vista, como ese siempre presente riesgo de suicidio, o de accidente de tráfico al volver a casa. Quizá alguien quiera seguir orientando esto como un Seizenso y queráis aprovechar para despediros de mí en un sentido más completo y clásico, pero yo prefiero ver todo esto como una oportunidad y pensar simplemente que lo mejor esta por llegar. Con pelucas, pintalabios, todoterrenos y desde luego, espaditas.
Así que con el tiempo resultante, os invito a que compartáis algo de vosotros mismos. O sea, podríais hablar de mí, y sería lo más normal en un Seizenso, y os agradezco si lo hacéis, pero también os invito a que habléis de vosotros mismos, de esa carga que seguramente todos estéis llevando encima y de en qué forma lo estáis gestionando, quizá para soltarlo, o simplemente para hacer soportable su peso. Y si este es un momento en el que podéis cambiar algo de forma positiva para vuestras vidas, será mucho mejor que si solamente ha alimentado las necesidades de esta guerrera trans cyberpink.
Así que sin duda la medusa lunar no planea su funeral. Según la wikipedia, el conjunto de ceremonias u oficios solemnes dedicados a un difundo días antes de su sepelio. Inmune al proceso de envejecimiento, esta medusa no se preocupa por estas cosas. Por otra parte, mide unos pocos milímetros, pero no vamos a meternos con la gente bajita en un día tan caluroso.
No soy la primera persona que celebra su funeral anticipado. En USA tiene características legales, y en Japón hasta tiene nombre: Seizenso. No obstante es un concepto moderno, pero en japón el color del luto es el blanco, de ahí que lleve este vestido junto a mi dotanuki. Me habría puesto mi peluca blanca, pero últimanente estoy enamorada de esta.
De hecho mi madre celebró una suerte de funeral en vida cuando supo que su enfermedad se la iba a llevar por delante. Reunió a toda su familia en una última comida grupal, y pasó el tiempo con ellos. Fue algo bestialmente duro, pero como ella solía decirme incluso en aquellos momentos tan difíciles… el muerto al hoyo y el vivo a comer repollo. Es muy triste perder algo que querías, pero por lo menos llegaste a quererlo.
Según la wikipedia esto tiene que tener ceremonias u oficios solemnes, y si bien tiene sentido, tampoco significa que no podamos tener algo de humor, bailes, sexo o cualquier forma de diversión al gusto de cada cuál siguiendo las disposiciones de naturaleza legal de la sociedad estructurada, o por lo menos manteniéndonos lo bastante cerca del límite para poder sujetarlo con la mano y volver si la policía pasa por aquí.
Tenía pensado aquí hablar de mi obra y milagros, de cuánto me quería todo el mundo, de cuánto se me va a echar de menos y ese tipo de cosas, y ponerme solemnemente filosófica añadiendo sofisticadas y elaboradas reflexiones no solo sobre la protagonista global de este evento (yo), sino sobre la enfermedad, la decadencia, el suicidio y otras cosas importantes. Demasiada solemnidad para mí, yo prefiero gente divertida a gente triste. Es sabido que sonreír evita la depresión y alarga tu vida. ¿Pero sabéis qué alarga tu vida también? Matar a tus enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres.
Así que sin más dilación, hemos venido a despedirnos de… de… de… de alguien. He estado pensando mucho en de quién nos estamos despidiendo sin terminar de darme una respuesta coherente. Voy a intentar desarrollar esto, pero estoy totalmente abierta a escuchar cualquier aportación en cualquier momento. Tengo alquilado el parque hasta bastante tarde, podemos extendernos.
Quizá los que me conozcáis de más tiempo hayáis podido pensar que esto entra dentro de las particularidades de mi no diagnosticada disociación de personalidad, y si bien esto tiene cierto sentido incluso para mí, las dinámicas en relación con estos flujos no son tan claras. Yo también empecé pensando en estos términos, pero creo que si le dais una vuelta al asunto, veréis que no tiene del todo sentido. Como si algo de ello sí lo tuviera.
Para mí esto está mucho más relacionado con dejar atrás una vida que he vivido hasta hace no demasiado para poder empezar otra diferente, y de alguna forma, no se puede empezar una vida sin haber acabado la anterior, así que en un sentido conceptual, esa vida ya acabó, y este funeral no es realmente un Seizenso de esos, porque esa parte de mí ya no está. Para mí este ritual, por lo tanto, tiene un valor vital porque quizá me permita desprenderme de los restos adheridos de esa vida, como conan se deshace de la sangre de sus enemigos destrozados.
El meollo de la identidad de género también tiene algo que decir en todo esto. A fin de cuentas he tenido que vivir cuarenta años de vida sufriendo la construcción de género que se me había asignado y que acepté reluctantemente. Ahora me he desplazado a un lugar en el que mis nuevos conocidos solo pueden llamarme “Valeria” porque es el único nombre que conocen para llamarme. Esta mudanza ha sido un paso abrupto y quizá de los más relevantes en este cambio vital que si bien me lleva a algo nuevo, quizá fue lo que debí haber sido mucho antes.
Así que hoy me gustaría que dejáramos atrás una visión de mi “yo”. No es algo totalmente concreto y fácilmente definible y encapsulable en partículas físicas cohesionadas. Consiste en una serie de conceptos no disjuntos y ni siquiera completos de los que solo puedo hacer una aproximación con las limitaciones del lenguaje humano.
Supongo que es fácil señalar a esa masculinidad frágil que nunca tuve integrada, y que aprendí por imitación de lo que se suponía que era “ser un hombre”. Ese yo hacía cosas como trabajar de portero de discoteca o meterse en problemas para ponerse a prueba y demostrar que era fuerte. De acuerdo, yo sigo metiéndome en problemas, pero no lo hago por demostrar nada, sino porque es divertido en un sentido transcyberpink.
También querría dejar atrás esa cualidad que tenía de echar sobre los hombros responsabilidades que no son propias, y cargar con culpas y cargas insorportables, y que incluso pueden llevar a culpar a terceros o a tener un excesivo rencor con personas o sociedades que si bien puede que sean responsables, quedan fuera del alcance de las acciones de un ser individual.
Y dejar atrás responsabilidades que no son propias también incluye dejar atrás personas que drenan sin aportar. Bueno, esto suena a consejo de instagram, pero no me refiero a ello como algo concreto, sino a la faceta de la personalidad que me hacía vulnerable a su presencia. Ahora soy una malvada guerrera cyberpink que sabe decir “no” y luego tomarse un yogur.
Y finalmente implica dejar atrás dolor y miedo. No en unos términos absolutos, porque siempre tendré miedos nuevos, como que se me acabe el pintalabios negro, y si me pinchan, sangro. Mi actual trasfondo esgrimístico me permite dotar de un sentido literal a esta aseveración normalmente metafórica. A lo que me refiero es a dejar atrás la capacidad de sentir miedos que no tienen solución, como la soledad epistemológica, o el dolor por una familia perdida.
Tal y como yo lo he ido percibiendo, hoy nos despedimos de estas cosas en mí. Claro que podemos verlo desde otros puntos de vista, como ese siempre presente riesgo de suicidio, o de accidente de tráfico al volver a casa. Quizá alguien quiera seguir orientando esto como un Seizenso y queráis aprovechar para despediros de mí en un sentido más completo y clásico, pero yo prefiero ver todo esto como una oportunidad y pensar simplemente que lo mejor esta por llegar. Con pelucas, pintalabios, todoterrenos y desde luego, espaditas.
Así que con el tiempo resultante, os invito a que compartáis algo de vosotros mismos. O sea, podríais hablar de mí, y sería lo más normal en un Seizenso, y os agradezco si lo hacéis, pero también os invito a que habléis de vosotros mismos, de esa carga que seguramente todos estéis llevando encima y de en qué forma lo estáis gestionando, quizá para soltarlo, o simplemente para hacer soportable su peso. Y si este es un momento en el que podéis cambiar algo de forma positiva para vuestras vidas, será mucho mejor que si solamente ha alimentado las necesidades de esta guerrera trans cyberpink.