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I love Roller Derby

Esto ponía en una de las pegatinas que adquirí por un euro en total en el partido doble al que acudí el pasado sábado por la tarde. Dado que mi coche está en taller, tuve que hacer bastantes malabarismos de transporte público, pero me pareció bien en cualquier caso. ¡Vaya experiencia!



Pero empecemos por el principio. O mejor aún, por "antes del principio". Yo solía patinar, empecé a hacerlo algo mayor... y se suma a ese extraño listado de habilidades para las que no tengo ningún talento pero que acabo sacando adelante a base de mucho entrenamiento y constancia. En el caso del patinaje, acabé cruzando la capital de este a oeste y de norte a sur por entre los coches. No voy a decir que patinara increíble, pero desde luego me gustaba.

Ya en esta época de mi vida conocía la existencia del deporte conocido como “Roller Derby”, pero elegí voluntariamente no seguirlo en absoluto puesto que sabía que me frustraría el hecho de no poder practicarlo. Esto es algo que para mí está muy claro: yo no soy una persona que disfrute de quedarse en las gradas mirando, a mí me gusta participar en la actividad en cuestión.

Que me dirigiera a ver estos dos partidos tiene varios orígenes. Creo que por motivos circunstanciales me conviene sacar mi culo del enclaustramiento casero, así que aproveché para intentar quedar en esta actividad con dos amigas e intentar fomentar otras actividades a través del patinaje. Me tocó una mañana de entrenamiento alocada seguida de una incómoda carrera para atrapar los escasos transportes al vuelo, pero en fin, llegué a tiempo y me vi los dos partidos enteros.

Lo que vi me encantó. Disfruté de los partidos de principio a fin, me encantaba la táctica subyacente de cada equipo, y las acciones individuales de cada patinadora. Pero claro, ocurrió exactamente lo que esperaba, y es que a mí me habría encantado estar jugando.

El Roller Derby es un deporte femenino en el que el nivel bueno de patinaje es exigente. Y si bien hay equipos trans inclusivos, creo que si ese entorno se llenara de robustas jugadoras de hockey dándose empujones con todas sus fuerzas, estaríamos hablando de un nivel de lesiones mucho más preocupante.

Esto me lleva a mi visión del deporte femenino. De acuerdo, parece ser que yo soy una mujer trans, y eso parece que he podido hacerlo sin pedir permiso a nadie. En estos momentos hasta puedo conseguir un importante grado de aprobación legal… pero incluso en este caso el deporte femenino supone para mí un tope infranqueable. Y no es una cuestión de superioridad física (no tengo por qué tenerla) ni de ventajas en absoluto… la verdad es que me da bastante pánico que se utilice mi nombre o imagen para señalar que las personas trans nos aprovechamos. Es un “hard limit” para mí.

Estas cuestiones de identidad de género son un poco fastidiosas, pero no se limitan a una cuestión de participación en una actividad, sino que llegan más lejos y pueden ahondar en la pertenencia o no en un grupo con el que en realidad se puede compartir intereses y aspectos vitales. Quizá en otro universo yo me estaría yendo a celebrar con un grupo de amigas, pero en esta realidad me vuelvo en un vagón de metro lleno de gente, pero completamente sola, y mucha de esa gente me mira raro.

Si bien no estoy pasando por mi mejor momento, tampoco pretendo hacer un drama de esto. En la misma circunstancia de regreso al hogar, un joven discapacitado estuvo cerca de caer al suelo varias veces por los bamboleos del vagón de metro. Hubo que recriminar fuertemente a las personas sentadas en los asientos reservados, los cuales aún recurrieron a artimañas para no ceder el asiento. Esto a mí sí me parece dramático.

Supongo que quiero señalar dos puntos. El primero es que nuestra vida funciona en la medida que entendemos ese concepto por una intersección de causas necesarias que muchas veces damos por hechas, y que pueden fallar en cualquier momento (¡y algún día lo harán!). Tanto si no podemos digerir los alimentos, mantener el equilibrio de forma razonable, o utilizar nuestras manos, es muy duro si es temporal y horrible si es permanente. Desde luego, comparativamente, no poder formar parte de un equipo de “Roller Derby” es una queja irrelevante de una persona que no ha tenido que esconderse para evitar las bombas que asolan su ciudad.

Creo que ser una persona trans es duro. Creo que en cualquier caso es mucho mejor que ser una persona con una grave discapacidad, pero desde luego lo prefiero a ser una persona miserable que no sabe cuando tiene que levantar su culo de un asiento reservado, hasta cuando se lo están indicando.