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De cómo caí irremediablemente en titánicus

Cuando salió adeptus titanicus allá por ¿2018? me negué a entrar en otra escala diferente. Estaba inmersa en la construcción de escenografías muy costosas. Para mí, coleccionar un ejército y no tener la escenografía asociada es como hacer la mitad del camino, así que entrar en titanicus estaba totalmente descartado.

Pero claro, se da la circunstancia de que el tiempo pasa, los proyectos se completan, o por lo menos se alcanzan hitos lo bastante impresionantes, y bueno, titanicus tenía cierta fama de ser un buen juego (en oposición a muchos otros), y de ser la escala en la que sí se percibe la verdadera naturaleza de los conflictos de warhammer 40.000. Esto, y poder correr con caballeros imperiales por entre edificios en una escala cuatro veces menor que la habitual, me tuvo siempre atenta, hasta que un día me decidí a darle una oportunidad.

Se juntaron unos pocos factores. El primero, que en titanicus está la mayor arma de cuerpo a cuerpo de warhammer 40.000. De acuerdo que hay naves espaciales aún más grandes, pero una espada sierra que te parte un edificio tiene algo especial para una esgrimista como yo, así que como quería aprovechar la escusa para tener en mi poder un warmaster iconoclasta, no desaproveché la ocasión de un torneo ocurrido en Madrid, de la mano de la genial organizadora Mina, de goblintrader norte.

Ganar o perder era irrelevante, y de hecho fui tan apurada que ni siquiera me dio tiempo a repasar decentemente el reglamento. Lo único importante para mí fue contar con el gran iconoclasta debidamente pintado, y también con unos cuantos caballeros imperiales que lo acompañaban, la mayor parte de los cuales obtuve de segunda mano por una miseria. Ah, por aquel entonces estaba iniciando mi transición, así que pintar al iconoclasta con los colores de la bandera trans me pareció una idea tan divertida como presentarme con mi peluca en el torneo.




La verdad es que la experiencia más relajada que he tenido en un evento organizado. No pretendía más que conocer el juego y ver los titanes de los jugadores más instaurados, pero acabé “ganando” dos de tres, y lo entrecomillo porque mis oponentes estuvieron totalmente entregados y preocupados porque me enterara de cómo funciona el juego. Gracias, tíos.

Voy, entonces, con mi opinión de las cosas que había oído de titanicus.

“Es un gran juego, el mejor de GW”

Bueno, estoy hay que cogerlo con pinzas. Por una parte, si fuera cierto, tampoco sería para tirar cohetes. Yo creo que la GW tiene una gestión intencionadamente negligente de sus sistemas de juego, así que “ser el mejor” no sería en ningún caso un gran mérito.

Desde luego le ayuda no estar lastrado por activaciones de ejército completo, pero sigue cargando con tiradas totalmente aleatorias de iniciativa que pueden ser directamente desequilibrantes en algunas circunstancias, así que en ese sentido para mí sigue siendo otro juego de azar en el que tiramos dados mientras finjimos que muñequitos pintado se dan disparos.



Además, se nota que alguien en GW es muy gamberro y que ha metido en este juego este componente de su personalidad. En titanicus pueden ocurrir cosas muy alocadas, como las explosiones de los mechs. Una partida que aparentemente estaba muy controlada por un jugador puede convertirse mediante una cadena de explosiones termonucleares en una escaramuza entre un titan warhound hecho cisco y tres caballeros imperiales que no tienen muy claro donde meterse.

A mí me ocurrió ya en el torneo. Mi iconoclasta tuvo una fortuna nefasta en una tirada de iniciativa, y un warlord con puño de combate se lanzó al cuerpo a cuerpo y lo destrozó. Mi titán se puso a dar vueltas disparando a lo loco, destrozando a su vez a uno de mis acastus. Pero para mi fortuna, se cayó de espadas sobre el warlord que lo había derrotado a él, y provocó a su vez una explosión nuclear que engulló a otro warlord enemigo.

¿Es esto bueno? En el sentido de que cuenta una historia que podría pasar en la guerra, sí. Pero partió de una tirada de iniciativa con nula participación de los jugadores y desembocó en la destrucción incontrolada. Como juego “competitivo” no le veo ningún sentido.

“Es la escala adecuada para entender el universo de warhammer 40.000”

A mí me ocurre que cuando juego una partida en la escala tradicional, siento que es una escaramuza sin demasiado sentido, que cubre distancias muy pequeñas, con subconjuntos de guerreros que tampoco encajan dentro de lo que viene a ser la estructura de mando que se explica en los libros y que está bien constituida en el imaginario colectivo.

En la escala de titanicus, cuatro veces menor, nos podemos permitir cubrir distancias que pueden explicar mejor un objetivo importante en una campaña, y aún así incluso podrían quedarse pequeños. Pero por lo menos se consigue la sensación de que “lo que tienes sobre la mesa, es lo que tu bando ha logrado reunir”.



No solo eso, los titanes son cacharros lentos y poco maniobrables. Tienen una consola de mando en la que gestionas los daños (normales y críticos) en tres ubicaciones además de en el armamento, y la temperatura del reactor y el estado de los escudos de vacío. Realmente te hace sentir que tus titanes son máquinas de guerra grandes, peligrosas e inestables.



“¿Voy a seguir jugando?”

Pues que salí del torneo deseando más. El juego no me parece especialmente bueno, pero la verdad es que no espero eso de un wargame. Yo espero poder mover mis bípodes de combate de una forma divertida, que de lugar a historias interesantes. Así que titanicus colmó mis expectativas, y caí irremediablemente en su juego. ¿Y qué he hecho desde entonces?

En primer lugar, completé mi casa titánica trans. No sé cuanto de adecuado es internar la bandera trans en una casa de titanes de la era de la herejía de Horus, pero tampoco es que sean unos colores lo bastante conocidos como para que sea algo muy invasivo. Así que me compré la caja básica, que además de incluir dos reaver y dos warhound, me permitía contar con el manual y los dados (que desgraciadamente hacen falta). También me dirigí al tipo al que le compré los caballeros, y me hice con otra tanta de titanes a un precio reducido. A fecha de hoy tengo ocho de tamaños muy diversos, y me parece un buen punto en el que detenerme por el momento.



En segundo lugar, avancé con el contenido de la casa Volgenscrold. En esta utilicé el esquema que ya utilizo en mi ejército equivalente de warhammer 40.000. Para ello completé con doce cerastus variados incluidos los dos que vienen en la caja de inicio. No salen baratos, pro tampoco es una ruina. A fecha de hoy me faltan unos cuantos questoris, pero están agotados en todas partes.

Y en tercer lugar, me hice una escenografía. Lo que viene a ser el suelo, utilicé el mismo que el de 40k, con mi textura de desierto de ceniza de Volgenscrold. Para los edificios he experimentado con un poco de todo, incluyendo escenografía oficial e impresa.



“¿Recomiendo jugar adeptus titanicus?”

La verdad es que así en general, no. Hay muchas condiciones que hacen que sea realmente denso. Para empezar el cambio total de escala (aunque esto es una oportunidad para probar con nuevos esquemas y demás), para seguir está el hecho de que no hay muchas facciones que son populares, y para concluir está el hecho de que el material que hay disponible está con cuentagotas, y que no está nada claro que GW le vaya a dar continuidad.

Pero vamos, que si te gustan las facciones disponibles, no te importa hacer algo totalmente desde cero, y tener que escarbar un poco para conseguir tus miniaturas, entonces ni te lo pienses, porque por relativamente poco dinero (esto es el hobbie que es) te lo vas a pasar bien.

Y esto es lo que tengo que decir, por el momento, de adeptus titanicus. Nos vemos en el siguiente torneo, o evento narrativo (casi lo preferiría). No creo que me haya leído el reglamento para entonces, pero oye, me he comprado el campaign compendium.