Año del caballo de fuego
Motivación y descargo de responsabilidad
No pienso que esto que (quizá) vas a leer tenga en verdad interés alguno, simplemente mi vida está cambiando mucho y si bien quiero contáselo a varias personas (¡hola!), tampoco quiero sobrecargar sus aplicaciones de mensajería, así que enviaré un práctico hipervínculo, y ya lo leerá quien quiera.
Habrá sangre. Siempre hay sangre.
¿Cómo he llegado hasta aquí?
Quizá ya conozcas mi vida porque me conozcas personalmente, así que puedes pasar directamente a la siguiente sección. Haré unas menciones concretas a hechos puntuales relacionados con lo que quiero contar, si bien mi vida ha tenido muchos otros sucesos relevantes en muchos otros contextos.
- En 2019 falleció mi madre por un espantoso cáncer. Nos queríamos mucho, y yo la acompañé en todo el proceso, así que realmente fue duro.
- En 2022 me uní a eso de la esgrima histórica, o sea, darme de hostias con espaditas.
- En 2023 fui consiente de mi realidad de género, y empecé a transicionar. No mucho después fui consciente de que seguramente tengo personalidad múltiple. ¡Vaya lío!
- No mucho después mi situación laboral se complicó y dejé de tener ingresos.
- En 2025 empecé el proceso de vender la casa en la que había habitado durante más de cuarenta años con la ya citada madre fallecida. A finales de año la venta se fue concretando, y finalmente ocurrió el décimo séptimo día del segundo mes del vigésimo sexto año del tercer milenio. Como todo el mundo sabe el primer día del año del caballo de fuego.
- Hoy ya no tengo casa. Una persona muy amable que no voy a señalar me ha acogido en su pequeño piso, y yo la molesto con mi presencia hasta que mi nueva vida tenga algo de estructura coherente.
La pérdida de todos mis referentes
Voy a intentar ahondar en la idea de que he perdido mis referentes personales. No tengo una familia que se responsabilice de mí, ni yo tengo que responsabilizarme de ella. Vivo conforme a una identidad de género distinta a la que he manifestado hasta hace pocos años, y tampoco tengo la casa en la que habité durante toda mi vida.
No pretendo hacer un drama de todo esto. Bueno, el progresivo trabajo de desnaturalizar esa vivienda provocó que perdiera su ilusión de seguridad y dejó de ser un hogar. Combinado con los recuerdos de quien ya no está, y el cansancio propio de las actividades, me superó en varias ocasiones llevándome al sincero llanto fuera de control, pero era un esfuerzo con una fecha de cumplimiento ya mencionada. Lo que me ocurre no es la destrucción completa de una vida en el sentido en el que sí le ocurre a alguien que sobrevive a un bombardeo y se ve sin más posesiones que unos cuantos escombros.
Yo puedo construir referentes nuevos porque tengo recursos para ello. Claro que afronto retos, pero la capacidad de elegir entre algunas opciones y poder pagarlas convierte mi situación en algo muy diferente a la destrucción de una personalidad; es la opción de hacer algo nuevo.
No puedo dejar de pensar en Kusanagi Makoto, la protagonista de "Ghost in the Shell" en el final de la película de 1995, dirigida por Oshii Mamoru. “¿Y adónde va a la recién nacida? La red es vasta e infinita”. Esto va a ser relevante más adelante.
La extraña sensación de irrealidad
En serio, cuando has llevado una vida muy ordenada, y has sido una persona muy disciplinada, abandonar todos tus hábitos es muy muy desconcertante. Hacía pesas en mi gimnasio personal en un horario concreto, salía a correr por caminos perfectamente conocidos, me iba a esgrima medieval por las tardes conforme a una serie de rutas que variaban en función al atasco, y mientras tanto programaba y escribía con tesón.
Esta mañana me he apuntado a un gimnasio, llevaba veinte años sin ir a un gimnasio que no fuera el mío. Me ha resultado rarísimo entrenar con gente que también estaba entrenando, porque para mí es una actividad un pelín íntima. Estoy en una ciudad, ¡yo, que soy una persona totalmente de campo!
Me cuesta explicar cuánto de desubicada estoy, pero desde luego no desde el victimismo. Miro alguno de los caminos que puedo tomar, y me parecen interesantes. No sé qué será de mi futuro, pero no temo que vaya a ser peor que mi pasado
Quizá lo más curioso de esta sensación de irrealidad es no sentir responsabilidad. Hay algo tremendamente pacífico en sentir que no debes nada a nadie, y que estás empezando a construir desde esa perspectiva.
¿Adónde va la recién nacida?
A lo largo de la reflexión inconclusa que he vivido desde que supe que iba a perder mis últimos referentes, supe que los puentes que me podían llevar a atrás iban a arder, y que es como tenía que ser. Claro que algunas de las cosas físicas que estaban en mi posesión siguen bajo mi control legal (aunque ahora mismo son inútiles, almacenadas en un trastero), pero también he tenido bastante cuidado de seleccionar las que contaran con un valor práctico para mi futuro (y desde luego no para mi presente, en el que hay dos maletas, un ordenador portátil, y algunas cosas más).
Esto me lleva de nuevo a ese final de “Ghost in the shell”. En mi habitación había un póster original de 1995, el póster original que ya no se puede conseguir de ninguna forma, y que me dije que me llevaría allí donde fuera. El único de todos los que había.
Y finalmente no lo hice, lo dejé ahí tirado para que fuera enviado a la basura por los nuevos propietarios de la vivienda.
Cumplir con la visión de Kusanagi -dirigirme hacia esa infinitud de la red- implicaba incluso renunciar al póster que me recordaba a ese principio. Y si bien yo no quería destruirlo, lo dejé detrás para que otros lo hicieran, y finalmente partí hasta esta desconcertante irrealidad sin nada que me hiciera mirar al pasado y reconocerlo como algo posible a lo que retornar.
La red es vasta e infinita
En esta fase en la que ocupo la pequeña vivienda de unas personas generosas que me han aceptado sin reservas compartiendo aquello que tienen conmigo, sometiéndose voluntariamente a incomodidades y dificultades, todo me parece bastante nuevo y me somete a una sensación de desubicación bastante desconcertante.
Hoy me he apuntado a un gimnasio y he entrenado ante la mirada atónita de unas cuantas personas que veían como levantaba pesas una guerrera trans cyberpunk. Ha sido divertido.
Y cuando he vuelto a casa, me he encontrado algunos mensajes del nuevo propietario de la casa en la que yo había vivido cuarenta años.
“Póster, cojínes y demás enseres estoy arramplando, menos el de Ghost in de Shell, ese me le pondré.”
Estimado lector, saca de este inesperado mensaje tus propias conclusiones.
Gracias
Este proceso que estoy viviendo está siendo muy extraño, pero creo que he dejado atrás la parte más dura del mismo. Durante esta circunstancia algunas personas han hecho un esfuerzo real por estar conmigo, y debido a ello os lo agradezco de una forma patente. Sin un orden particular…
- Gracias, Nora.
- Gracias, Juan Carlos.
- Gracias, Pablo “Lunis”.
- Gracias, Marta.
- Gracias, Rubén.
- Gracias, Mateo.
- Gracias, Mina.
- Gracias, Juanjo
- Gracias, Jaime.
- Gracias, Carolina & Sergio. Hay mucha energia en esa casa, espero que os sea útil.
Otros me han ayudado, pero vosotros habéis puesto vuestros recursos a mi disposición llegando incluso a perjudicaros en el proceso. Espero que tengáis un buen año del caballo de fuego.